Si lleváis a casa a una novia no os fiéis un pelo de vuestros abuelos, que hay algunos que se olvidan de la artritis y de la próstata cuando ven a una hembra bella.
Después de haber fornicado con 10.000 hombres diferentes ya va siendo hora de dejar de gemir y poner caras raras, pues seguro que está tan acostumbrada a que le den que ni se entera.
Esto sí que es tener espíritu de sacrificio y no lo de Santa Teresa de Calcuta. ¡Qué valor para meterse el trabucón hasta el esófago, la madre que la parió!
Os lo tengo que confesar: me encantan las chicas naturales, que no se tiñen y que como mucho se ponen un pelín de rimel. La de la galería es un ejemplo de mi mujer ideal.
¡Qué daño han hecho a los hombres esos falos de pega! Lo único que han conseguido es que damiselas hambrientas de barra cárnica prescindan de nuestros servicios para irse con sus amiguitos de plástico. ¡Revolución!